A la vista de cómo está el patio en
cuestión de alimentos, estaremos de acuerdo en que lo mejor sería poder
cultivarnos nuestras propias hortalizas y criarnos nuestras propias gallinas.
Eso sí, teniendo la santa paciencia de ir al campo a buscar hierbas con las que
alimentarlas y aprovechando sus excrementos para abonar
nuestras hortalizas. Pero,
claro está que la inmensa mayoría de nosotros a lo más que llegamos a cultivar
algún geranio en nuestra terraza, así que nos tenemos que conformar con lo que
da el mercado.
Sin embargo alguna cosilla si
podemos hacer, para mantenernos nutridos de la mejor manera posible y,
sobre
todo, para que en evitar en nuestra alimentación esos productos que nos hacen
engordar a todas luces.
La obesidad alcanza en la parte más
“desarrollada” del planeta unos índices alarmantes. De hecho, para no ir más
lejos y mirar lo que ocurre en casa, en España, la obesidad ha crecido a un
ritmo de un 200% en los últimos diez años. Una tercera parte de este porcentaje
corresponde a la denominada obesidad mórbida, esa cuyo índice de masa corporal
supera los 40 puntos y que se considera mortal a corto plazo. Por desgracia,
además, la balanza se inclina alarmantemente del lado femenino. Desde luego eso
no es por comer tomates ni pollos de granja, sino por comer alimentos
procesados en los cuales abunda lo más barato: la grasa.
Y es que hay dos cosas, a mí
entender (otra opinión completamente personal), que son terriblemente
problemáticas en los tiempos que corren:
Una, que la mayoría de los
alimentos procesados que comemos, engordan.
Dos, que los cánones de belleza en
lo concerniente a peso, están muy alejados de la realidad.
Mantener un peso apropiado para
nuestra talla, constitución y edad es sumamente recomendable para nuestra
salud. Mantenerse en el peso que supuestamente es ideal para tener una silueta
como marcan los cánones actuales, puede ser, para algunas personas tan
perjudicial como tener un exceso de peso.
Ya que no podemos tener nuestro
propio cultivo y nuestra propia granja, lo único que podemos hacer es huir como
de la pólvora de esos alimentos preparados tan atractivos, sobre todo porque
son rápidos de cocinar y, por supuesto de toda esa bollería industrial que nos
produce place inmediato. Como decía no sé quién: “Un minuto de placer, toda la
vida en la cadera…”

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