jueves, 12 de septiembre de 2013

hummm... ¡ qué pinta...!

A la vista de cómo está el patio en cuestión de alimentos, estaremos de acuerdo en que lo mejor sería poder cultivarnos nuestras propias hortalizas y criarnos nuestras propias gallinas. Eso sí, teniendo la santa paciencia de ir al campo a buscar hierbas con las que alimentarlas y aprovechando sus excrementos para abonar
nuestras hortalizas. Pero, claro está que la inmensa mayoría de nosotros a lo más que llegamos a cultivar algún geranio en nuestra terraza, así que nos tenemos que conformar con lo que da el mercado.
Sin embargo alguna cosilla si podemos hacer, para mantenernos nutridos de la mejor manera posible y,
sobre todo, para que en evitar en nuestra alimentación esos productos que nos hacen engordar a todas luces.



La obesidad alcanza en la parte más “desarrollada” del planeta unos índices alarmantes. De hecho, para no ir más lejos y mirar lo que ocurre en casa, en España, la obesidad ha crecido a un ritmo de un 200% en los últimos diez años. Una tercera parte de este porcentaje corresponde a la denominada obesidad mórbida, esa cuyo índice de masa corporal supera los 40 puntos y que se considera mortal a corto plazo. Por desgracia, además, la balanza se inclina alarmantemente del lado femenino. Desde luego eso no es por comer tomates ni pollos de granja, sino por comer alimentos procesados en los cuales abunda lo más barato: la grasa.
Y es que hay dos cosas, a mí entender (otra opinión completamente personal), que son terriblemente problemáticas en los tiempos que corren:
Una, que la mayoría de los alimentos procesados que comemos, engordan.
Dos, que los cánones de belleza en lo concerniente a peso, están muy alejados de la realidad.
Mantener un peso apropiado para nuestra talla, constitución y edad es sumamente recomendable para nuestra salud. Mantenerse en el peso que supuestamente es ideal para tener una silueta como marcan los cánones actuales, puede ser, para algunas personas tan perjudicial como tener un exceso de peso.

Ya que no podemos tener nuestro propio cultivo y nuestra propia granja, lo único que podemos hacer es huir como de la pólvora de esos alimentos preparados tan atractivos, sobre todo porque son rápidos de cocinar y, por supuesto de toda esa bollería industrial que nos produce place inmediato. Como decía no sé quién: “Un minuto de placer, toda la vida en la cadera…”

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