jueves, 12 de septiembre de 2013

Alimentos que no alimentan

Siguiendo con el hilo del artículo anterior, creo que todos sabemos, o por lo menos sospechamos, que nuestros alimentos, de un tiempo a esta parte no “alimentan” igual, valga la redundancia.
¿Razones? Muchas y variadas.
Por un lado, si observamos, por ejemplo, las hortalizas ya no se cultivan despacio y con mimo, dejando la tierra descansar y echándole abonos naturales. Nada más lejos de la realidad. Los cultivos se realizan deprisa, haciendo todo lo posible para que la planta en cuestión bata retos de crecimiento; los abonos son industriales y, hay cultivos que ni siquiera necesitan tierra. Las plantas han sido manipuladas genéticamente para que esto sea posible.
Los animales, se crían en granjas optimizadas para optimizar al máximo el espacio que el animal ocupa y la alimentación que dan a los mismos. Y, por supuesto, para que tengan el máximo tiempo posible en el menor tiempo posible.
¿Qué efectos tendrá sobre la humanidad esta práctica? Pues a nivel salud está claro que nuestros mayores vivían menos porque había menos cura para las enfermedades, pero nutridos lo estaban mejor que nosotros. Por supuesto había mucho menos obesidad. A largo plazo, las consecuencias que tenga como especie, todavía no lo sabemos. Habrá que esperar.


¿Por qué adulteramos los alimentos de esta forma? Pues, en mi opinión, personal e intransferible, por la
codicia del ser humano que buscan enriquecerse a costa de lo que sea.
Por otra parte, están los alimentos industriales, también un sector en auge en nuestra alimentación.
El ser humano ha intentado siempre procesar los alimentos, esto es conservarlos mediante algún método que permitiera, por un lado, proveerse de alimentos para tiempos de escasez y por otro, poder utilizar los excedentes.
Pero mientras antes se hacía de forma artesanal con una mínima pérdida de nutrientes, los procesos industriales que se utilizan hoy día sacrifican una gran parte de nutrientes en aras de la mayor conservación. Resultado, alimentos con un bajo valor nutritivo. Tanto es así que muchos fabricantes añaden, cada vez más, minerales, vitaminas y otros suplementos al producto fabricado. Increíble, pero cierto. Por supuesto, este añadido que antes le habían quitado, lo pagamos aparte y el precio del producto es mayor.
Lo mismo podríamos decir para los alimentos bio, que se anuncian como “cultivados con las técnicas antiguas”, sin pesticidas (como si se pudiera evitar que estos se transmitieran por aire), con abonos naturales o con animales criados al aire libre. Como si eso fuera algo excepcional. Eso si por que las gallinas se paseen diez minutos al día al sol, el precio de los productos sube notablemente.
Para terminarlo de arreglar, los animales comen pienso y ahí ya hay toda una caja de pandora en la que es preferible no entrar.
Los pescados tampoco se libran, ya que con la epidemia de anisakis, esos gusanos parásitos que viven en el estómago de los peces, estos deben de ser congelados y tratados nada más pescarlos para que el “bicho” no salga del estómago.
Vamos que se le quitan a uno las ganas de comer…


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